lunes, 22 de febrero de 2010

LA ORACIÓN, UNA AYUDA IMPRESCINDIBLE (I)


En los tiempos que vivimos, y muy posiblemente más en los países progresistas, cada vez se le da menos importancia a la oración, tiene que verse un país o una persona muy mal para que se acuerde de que existe la oración para suplicar ayuda a algo superior sin tener tampoco muy claro qué o quién es. Vivimos para el placer y buscamos más sensaciones de placer, nos cuesta salir de ese estado de conciencia incluso cuando nos vienen malos tiempos. Hacemos grandes esfuerzos por conseguir metas materiales temporales, pero tarde o temprano vienen los ajustes de las Leyes Divinas, y entonces nos sentimos perdidos, desilusionados y escépticos hasta que algo hace que nos preguntemos que si merece la pena seguir luchando.
Así lleva el hombre millones de años y aun viendo algún resplandor de luz, ha bajado sus ojos y ha seguido en la penumbra. Solo algunos grandes místicos, filósofos y ocultistas supieron seguir esa luz hasta comprender y experimentar ese nuevo estado de conciencia, es gracias a ellos que la humanidad ha dado grandes pasos en su evolución y aún así, muchos no quieren ver lo que impulsa a ese progreso interno del hombre. Estos hermanos adelantados de la humanidad se tuvieron que esforzar para conseguir esas alturas pero también se dieron cuenta de que lo que verdaderamente buscamos es la esencia de nosotros mismos. Así es que para vencer las flaquezas y comenzar a ver esa luz, que la mayoría ni siquiera busca, tenemos que tener voluntad y valor, pero si no hay convicción y fe no puede haber voluntad ni valor.
Hay que creer en algo superior para comprender que no hemos llegado donde estamos por casualidad, cuando creemos es cuando descubrimos nuevas sensaciones y nuevos placeres en la vida, en los demás, y en la naturaleza. Es en este estado cuando el nombre comienza su lucha contra sí mismo para deshacerse de todo lo que le rodea y que le confunde para experimentar y apreciar esos placeres que nacen de su interior. Entonces, cuando se deshace de los placeres terrenales y cuando expulsa de su conciencia todo lo que concierne a la personalidad, es cuando comienza a descubrir que hay una vida interna y un poder interno que le lleva a sacrificarse por algo que desconoce y sin embargo sabe que debe alcanzar.
Desde siempre, lo material ha sido manipulado y transformado por lo inmaterial y lo invisible ha hecho lo mismo respecto a lo visible en la naturaleza, por eso, el hombre debe imitar a lo invisible e inmaterial, debe convertirse en ello para poder eliminar a la personalidad que solo vive para el disfrute de sensaciones y placeres. El pasado nos demuestra que por muchos impedimentos y problemas que hayamos tenido y sufrido hemos salido gracias al coraje de la desesperación, del sufrimiento y de la voluntad, pero detrás de todo eso siempre ha habido un interés vivo o un motivo que nos ha hecho sacar fuerzas de adentro. Ese motivo es el que debemos buscar dentro de cada uno porque cuando se tiene claro cuál es y se experimenta como una nueva vida, es porque hemos encontrado la clave de nuestra existencia. El hombre ha estado trabajando siempre por ese motivo y no se ha dado cuenta de que, en realidad, la verdadera oración procede él en su intento para que el hombre suplique a Dios y a sus jerarquías y para que desarrolle la fe y la confianza en ellos.
Todo esfuerzo por suplicar a una fuerza superior alguna clase de ayuda es una oración, y eso es lo que el hombre ha estado haciendo desde durante millones de años, obteniendo respuestas, enseñanzas e incluso ejercicios y rituales para que produzcamos pensamientos y sentimientos elevados hasta que, por último, los más adelantados de entre nosotros nos dijeron que oráramos sin cesar. La intención de las Jerarquías superiores (ángeles, arcángeles…) al establecer la oración no fue otra que la de que el hombre aprendiera a conectar con los planos superiores, con lo invisible. Cada raza y cultura ha hecho siempre sus oraciones y rituales a sus dioses y a su manera, desde las más atroces o absurdas hasta las más humildes y devotas, desde las egoístas para acumular riquezas hasta las egoístas para que sean perdonados los pecados. Sin embargo, cuando el desarrollo de un individuo llega a determinado grado, utiliza la oración como medio de elevación ofreciéndose a sí mismo como un sacrificio para acercarse al Trono de Dios.
La oración es universal y se ha practicado siempre, en todas las razas y en todas las culturas, bien con temor y miedo o bien con devoción y adoración, pero siempre han ido dirigidas a un ser supremo normalmente llamado Dios. Es la propia chispa divina, nuestro divino ser el que, de alguna manera nos ha impulsado a acercarnos a Dios por medio de la oración. También utilizamos la confesión, la súplica, la adoración o la contemplación para intentar comunicarnos con Dios, pero es la oración la que con más frecuencia practicamos para pedir el sustento material o espiritual. En tiempos pasados se utilizaba la oración para ganar guerras, para obtener beneficios materiales y para otros muchos intereses personales, hoy la humanidad más evolucionada no suele pedir tanto para ella sino que también piensa en los que sufren, pasan hambre, etc., sin embargo, en un futuro la humanidad solo pedirá iluminación espiritual para ayudar al prójimo. La oración, junto a la alabanza y la adoración es la que nos debe poner en sintonía con Dios y una vez que recibamos Su gracia y reconozcamos Su bondad, estaremos preparados para ayudar a la humanidad en forma de oración.
Cuanto más evolucionamos más deberíamos utilizar la oración como si fuera el propio lenguaje y expresión del Espíritu porque esta es la manera de que el hombre eleve su conciencia hacia lo divino. Cuando la oración hace que el hombre se convierta en el yo verdadero, dueño de la voluntad y de la mente, reconoce la presencia de Dios en sí mismo y se da cuenta del poder de la verdadera oración. Concentrarse en unas palabras no es oración, ni aislarse de los ruidos, ni vestirse de determinada forma y rodearse de ciertos objetos, y mucho menos pedir cosas materiales, porque todas esas cosas y la mucha palabrería que se utiliza no suele tener respuesta. Sin embargo, cuando hay deseo de elevarse hacia lo divino, cuando se reza con fervor y devoción, cuando se cierran los sentidos a lo mundano y material, y cuando es una oración inegoísta y por los demás dejando la respuesta en la voluntad de Dios, entonces es cuando se puede esperar un contacto que haga descender las bendiciones del Padre.
Si analizamos profundamente el sentido y el efecto de la oración nos podemos dar cuenta de que cada acto es una oración ante la Ley de Consecuencia la que, en su momento, nos trae sus efectos. Desde este punto de vista y de acuerdo a nuestra acciones y pensamientos repetidos (aun siendo inconscientes de ello) y a la intensidad de nuestros deseos, tarde o temprano obtendremos lo que buscamos o pedimos, de ahí que muchas veces también nos vengan cosas que no nos gustan pero que las hemos deseado repetidamente durante un tiempo sin darnos cuenta de que no eran buenas. De una forma u otra, las Leyes Divinas nos traen lo que merecemos ya que, como la ley de la gravedad, por muy alto que lancemos una piedra terminará cayendo. Por ese motivo, la oración debería ser razonada voluntaria y conscientemente con la intención de beneficiar moral, intelectual y, mejor aún, espiritualmente.
Cuando la oración en pensamiento reúne los requisitos exigidos encontrará respuesta en los planos superiores y en las Jerarquías que ayudan y colaboran con el desarrollo de la humanidad. Si, además, hay palabras, se fortalecerá el pensamiento que, por otro lado, beneficiará a todo aquel que esté en sintonía con su vibración, pero el aspirante espiritual no se debe quedar solo en eso sino que debe entregarse en pensamiento, palabra y obra a Dios en su esfuerzo por ayudar a la humanidad. La oración materialista más practicada por el hombre es la búsqueda de poder, de fama y de riqueza, sin embargo, la verdadera oración, la que más acerca a Dios, es la entrega de uno mismo en beneficio de los demás. La propia evolución lleva a cada uno a una iglesia, secta, cultura o escuela, todas son válidas respecto a las oraciones que practiquen porque se adaptan al tipo de conciencia de cada cual, pero ninguna es perfecta en el tipo de oración que practican puesto que todas están manchadas con algo de egoísmo o materialismo, sin embargo, todos terminaremos practicando algún día la oración perfecta. La oración está unida y tiene su ser en el amor, pero no en el amor egoísta de pareja ni en el de padres y hermanos, sino en el amor del Alma que abraza a la humanidad como verdaderos hermanos en Cristo Cuando nuestra vida está basada en el Amor Universal y solo busca la riqueza de oportunidades para servir a los demás, el poder de elevar a la humanidad, y ninguna fama o, como mucho la que sierva para ser predicadores e imitadores de Cristo, podremos tener la seguridad de que hemos abierto un canal por medio del cual descenderá la respuesta, la vida y la Luz Divina hacia nosotros para que iluminemos espiritualmente a todo aquello que nos rodee.

Francisco Nieto

No hay comentarios: